sábado, 29 de mayo de 2021

Testerotipos



Revisión de 300 (Zack Snyder, 2006) en compañía. Testosterona y tabletas a tope. Se me sube la bilirrubina, ay! Slow Motion para recalcar la gesta, filtros a tutiplén para contrastar el rojo de las capas espartanas con sus cuerpos blancos y fibrosos, o los dorados y plateados1 de los abalorios y cadenas de los persas con su piel oscura y cuerpos, algunos, monstruosos. ¿Erotismo para ellas (las que hayan visto la película)? ¿gloria para ellos? Como también soy un ello, freudiano y redomado, no me queda más que lo segundo pero, puestos a escoger, uno prefiere las chanzas y discursos de William Wallace en Braveheart (Mel Gibson 1995). A Snyder el esteta se le va la pinza. La película es chula hasta que la prepotencia campa a sus anchas. ¿Es ironía snyderiana? ¿qué hay que tomar para pillarla?


Si Leónidas es un macho machote, Jerjes es ese Drag Queen; si los espartanos son libres —ay, me parto— los pueblos de Oriente están esclavizados por el tirano. ¿Cómo se consigue lo primero? Con una buena educación. Agogé. Desechar a los niños/as con taras y mandar al cuartel a los supervivientes a partir de los siete años. Rituales a destacar: la krypteia o caza de ilotas, esclavos de los pueblos circundantes sometidos a Esparta. ¿Es ese el lobo al que se enfrenta un joven Leónidas? En fin, militarismo, mentalidad de enjambre, algo de pederastia y reafirmación de muslos femeninos.


Los estereotipos y una verdad encubierta son el leitmotiv de esta cinta. Grecia, como se sabe, no fue los EUA del s.XX-XXI, sino un conjunto de polis o ciudades-estado que iban cada una a lo suyo, tenían rasgos idiomáticos en común y vivían entorno al mar Egeo. Pero los EUA, un país aparentemente unido bajo las barras y las estrellas, que se ha autoerigido en salvador de la humanidad desde la 2ª Guerra Mundial, ha impuesto su patrón económico, su flota, su espolio, saqueos sistemáticos y una redundante visión occidocéntrica nada ajustada a la realidad global de antes ni de ahora. La libertad, excusa primera que entraña cierta igualdad pero poca fraternidad, de la que tanto se jactan los EUA es un cuento chino sangriento. La alteridad, término platónico que Edward Said recuperó hace unas décadas, ese otro al que se necesita criminalizar para exorcizar las pulsiones ocultas, sirve para justificar lo injustificable aquí y allá.

Ay, con lo que me puso el cómic facha de Frank Miller...


1   Sobre la atracción por el brillo, un estudio conductista revela la conexión con el agua.






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